¿Te has preguntado que distingue a un hombre de Dios? Es fácil para nosotros en la cultura en que vivimos concentrarnos en lo externo de las personas. Quieras admitirlo o no, muchas de las distinciones que hacemos, las hacemos basadas en la vestimenta, vida social, amistades, y hasta con el tipo de carro que guían. ¿Podemos distinguir a un hombre de Dios basado en lo externo?

Mientras que es cierto, el hombre de Dios va a tomar las mejores decisiones en su vestimenta, su vida social, sus amistades y hasta en el tipo de carro que guía, no podemos definir a un hombre de Dios solo en lo externo.

La Palabra de Dios

¿Qué realmente distingue un hombre de Dios? Dios mismo nos da la respuesta a esta pregunta. Para que puedas ser un hombre de Dios, tienes que poner en práctica lo que Su Palabra nos dice. Su perdurable e inmutable Palabra es la fuente de información definitiva de las 5 marcas de un hombre de Dios.

“Más tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo,” 1 Timoteo 6:11-14

El apóstol Pablo escribiéndole a Timoteo, le deja saber los elementos esenciales de un ministro efectivo en la iglesia y comienza llamándolo “hombre de Dios”.

El hombre de Dios es aquel que le pertenece personalmente a Dios y no al mundo o a la cultura. El hombre de Dios es aquel que lo distingue las siguientes marcas:

1. El hombre de Dios huye

“Más tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas,” Tenemos que ser fugitivos y huir constantemente. ¿De qué? (Leer contexto)

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;  porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” 1 Timothy 6:9-10

Del amor al dinero y todas las codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición. Huyamos y escapemos de las influencias de este mundo pasajero.

2. El Hombre de Dios sigue

“y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” Mientras huimos de las influencias del mundo, seguimos las virtudes espirituales. Sigamos el mandato de constantemente huir y seguir.

Corramos a hacer lo bueno, a pensar en lo bueno, a confiar en Dios, amar a Dios y a los que nos rodean, a perseverar y a estar tranquilos no importando la situación.

3. El hombre de Dios pelea

Pelea la buena batalla de la fe” ¿Pelear con qué? Pelear para proteger la verdad Bíblica. Tenemos que pelear porque la verdad Bíblica está siempre bajo ataque.

4. El hombre de Dios echa mano

echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado,”  Tenemos que recordar que es acerca de nuestra salvación y la vida eterna.

Huimos de las influencias de este mundo pasajero, seguimos las virtudes espirituales y peleamos para proteger la verdad Bíblica recordando cual es nuestra meta final, la vida eterna. Nuestra batalla es por lo eterno.

5. El hombre de Dios guarda

que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión,” Y por último si queremos ser hombres de Dios tenemos que guardar el mandamiento. ¿Qué mandamiento? Su ley, Su Palabra.

Si guardamos Su Palabra sabemos de qué huir, seguir, pelear y echar mano.

Estas marcas no se comparan a las distinciones externas. No nos preocupemos por lo externo. Seamos una generación de hombres diferentes en nuestra cultura. No desmayemos, huyamos, sigamos, peleemos, echemos mano y guardemos porque este es nuestro llamado.

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